La aurora boreal

Eskimo and indian blogUmi ya estaba cansada de las burlas que recibía en su tribu por su pálida piel. Resulta que tenía la piel más blanca que jamás habían visto, y eso les causaba desconfianza. Cada día más triste, acabó colmándose, y una mañana, sin previo aviso, huyó.

Anduvo durante varios días, sin rumbo, alimentándose de lo que a naturaleza le daba y durmiendo en los refugios que iba encontrando. Creía que alejándose de las burlas se sentiría mejor, pero no era así, seguía triste, muy triste. Siguió caminando sin rumbo, casi sin fijarse por donde iba, hasta que el frío empezó a apoderarse de ella. Gigantesco fue su asombro cuando levantó la vista del suelo y sólo vio nieve y más nieve. Antes de que pudiera darse cuenta, se topó con unos ojos que la observaban.

– ¡Hola! ¿Te has perdido?- dijo una personita hundida en telas y pieles.
– Sí… ¿Quién eres?
– Me llamo Igaluk, y vivo aquí. ¿Cómo has llegado hasta estas tierras? ¿No tienes frío?
– ¡Tengo mucho frío! Y… Llegué aquí huyendo, en mi tribu se burlaban de mí porque soy demasiado blanca para ser india.- respondió Umi cabizbaja.
– ¡Oh! Eso es terrible. Ven, te daré una buena manta y nos sentaremos junto al fuego.

Mientras se calentaban junto al fuego, Igaluk contó historias de esquimales a la niña, que, aunque la hicieron reír, no fueron suficiente para borrar su tristeza.

– Te contaré un secreto, – confesó Igaluk- en mi poblado yo soy diferente también, tengo la piel más oscura que el resto.
– ¿De verdad? – se sorprendió la pequeña.
– Sí, me asombré mucho cuando me dijiste tu motivo de huida. Ser diferente me volvió un ser uraño al que nadie quería acercarse. Pero un día, mirando a la aurora boreal, comprendí, que yo era tan diferente como especial, como aquel fenómeno brillante que observaba. Cada persona es como la aurora boreal, especial y única, y sólo cuando eres puro de corazón puedes entenderlo.

Umi se quedó pensativa mirando al fuego.

– Eh, Umi, mira al cielo. Está ocurriendo…

La niña levantó la cabeza, y allí estaba, ¡la mismísima aurora boreal! Una enorme sonrisa se dibujó en su cara, y sus ojos brillaron con intensidad por el reflejo de una inmensa Luna llena.

– Hoy tienes doble espectáculo en el cielo, Umi. -sonrió Igaluk.
– Siempre te estaré agradecida. – le respondió mientras le daba un gran abrazo.

Después de aquella mágica noche, la pequeña india volvió a su tribu, llena de confianza y alegría, todo cuánto necesitaba, pues nunca más volvió a dudar de sí misma y su valía.


Ilustración y relato de Cris L. Vargas. Todos los derechos reservados ®

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