Ícaro

Ícaro 1Cien veces intentó Ícaro llegar al Sol, y siempre obtenía el mismo resultado. Cien fueron las veces en que cayó en picado con sus alas ardiendo por acercarse demasiado al astro. Y a la que hizo cien, se derrumbó.

Todos los que lo veían frustrarse una y otra vez, insistían en que debía darse por vencido, que asimilara que era una hazaña imposible la que se había propuesto. Pero él no escuchaba, sólo quería cumplir su sueño.

Aquel día en que se hallaba completamente derrotado, un viejo amigo pescador le habló:

– Hijo, te he visto caer al vacío en numerosas ocasiones, ¿por qué te empeñas en llegar al Sol? ¿Qué es lo que te hace insistir en esa encomienda?

Él, muy entristecido, le respondió:

-Lo he visto en el cielo, en la tierra, en el mar. Allá donde miro veo señales que me indican que mi destino está con el Sol. Por eso sé que no debo rendirme.
– Y, ¿estás seguro de que has interpretado bien las señales?

En ese momento, Ícaro se quedó ensimismado, tanto que el pescador se alejó, y ni se percató de que lo había dejado sin respuesta alguna. Anocheció y el joven seguía allí, en la misma posición.
Cuando al fin reaccionó, levantó la vista, y allí estaba la Luna, completamente llena, radiante y hermosa. Un golpe de sangre, más intenso de lo normal, salió bombeado de su corazón, que ahora latía con gran fuerza.
Sin darse tiempo a sí mismo de explicaciones, corrió a casa, se enfundó una de sus tantísimas alas construídas por él, y se dirigió a la colina por la que solía despegar.
Se detuvo unos instantes para observar de nuevo a la inmensa Luna, como para asegurarse de aquello que había sentido. Sonrió, cogió carrerilla y se lanzó. Movía las alas tan tenazmente que no tardó mucho en acercarse a su destino. En los últimos metros aleteó aún más intensamente, y con gran entusiasmo hincó su pie en el suelo del satélite, a modo de ancla.
Lo había logrado, al fin había conseguido llegar al lugar donde sentía que debía estar, y fue tanta su dicha que Ícaro jamás dejó de sonreír el resto de sus días.Ícaro 2

 

Ilustración de Cris L. Vargas. Todos los derechos reservados ®
All rigths reserved ®